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Introducción

Democracia Y Poder Económico, de Louis y Patricia Kelso hace un corte cruzado de economía, finanzas y políticas públicas.  El libro se publicó en Estados Unidos en 1986, coronando una larga carrera de trabajo creativo, iniciada muchos años atrás por el joven Louis.  Inquisitivo sobre la Gran Depresión, en 1945 hizo un primer enjuiciamiento sobre “La falacia del pleno empleo”, en mimeo.  Este fue seguido por otras numerosas publicaciones antes de esta obra.  Su trabajo nunca cesó, pero las circunstancias propias de su vida y su deseo de poner sus ideas en práctica, lo llevaron, como es raro entre los estudiosos, a pasar del análisis a la aplicación profesional.

Al fundar su banco de inversión, Kelso & Company, sus ideas le tuvieron un campo ideal de aplicación para innovar en técnicas financieras orientadas a validar su objetivo, que era lograr el acceso a la propiedad accionaría de las empresas para sus trabajadores.  Observando la evolución económica en su país, Estados Unidos, entre la Depresión  y la década de los 1990’s, tuvo una visión privilegiada.  Los autores no dejaron de ver la cada vez peor distribución de la riqueza en su país hacia los 1980’s, acabando con el mito del bienestar de la clase media estadounidense, cuyas imágenes se habían exportado al mundo desde los años cincuenta, como referencia básica al modelo de crecimiento económico capitalista y del “modo de vida americano”.  En su práctica profesional tuvo la oportunidad de iniciar un nuevo movimiento para corregir estas tendencias, el cual años después se extendería a formas variadas de técnicas financieras y llevaría a la aceptación general de que la participación accionaría de los trabajadores en las empresas no sólo es deseable, sino viable.

El libro de Louis y Patricia contiene la suma de toda esta experiencia, tanto sus reflexiones teóricas comos sus experiencias prácticas durante una vida de trabajo.  La obra tiene varias facetas que estimulan tanto la discusión de la teoría económica, como la discusión sobre políticas públicas y es en cierta medida una pena que hasta ahora esté disponible para los lectores en español.

Los autores introdujeron un modelo financiero de distribución de la propiedad accionaría, a partir de un planteamiento teórico.  Este es que el trabajo no es el único creador de valor (como lo señala la teoría del valor trabajo, pieza fundamental de la economía clásica), sino que también lo es el capital.  Con el avance de la tecnología, las formas que adopta el capital son cada vez más complejas y por lo tanto más costosas.

Un trabajador con su puro salario no puede adquirir un bien de capital como un motor de avión y mucho menos una planta con numerosas máquinas.  Por ello, con su salario no puede aspirar a la distribución de los frutos del proceso de acumulación, pues el valor generado por la producción se reparte entre los dueños del trabajo y los dueños del capital, de acuerdo con el valor de su fuerza de trabajo y de su inversión respectivamente.  Es claro que son éstos últimos quienes retiran más valor al haber invertido más en el proceso de producción.  Si los capitalistas están representados por un pequeño grupo, en algún momento el mercado no podrá absorber todo el valor de la producción,  pues el ingreso de la masa no alcanzará a darle suficiente capacidad de compra.  Surgen inevitablemente las crisis, como la Gran Depresión.  Si, por el contrario, la masa trabajadora recibe un salario por su trabajo y además recibe un ingreso por el rendimiento de su capital, aumentará su poder adquisitivo y podrá aumentar su demanda de bienes.  Los Kelso no se ocupan en su discusión teórica del análisis keynesiano sobre la propensión marginal al ahorro.  Según éste, si el ingreso se ahorra en proporciones cada vez mayores en lugar de gastarse, habrá demanda insuficiente.  Sería interesante conciliar este planteamiento con el de Kelso, pues los niveles altos de ingreso generalmente se asocian con una mayor propensión al ahorro y por lo tanto el riesgo de enfrentar problemas de demanda insuficiente es mayor con la mayor concentración del ingreso.  Al restarse el flujo de ahorro de los flujos que entran al circuito económico en el siguiente período, se resta capacidad de expansión a la economía.  Aquí hay una liga, sí bien débil, entre las dos teorías: dado que el riesgo de crisis es alto con la concentración del ingreso y que la propensión a ahorrar es mayor en los grupos de alto ingreso, entonces es de suma importancia para la política pública formentar que la capacidad de ahorro y de inversión de éste en acervo nuevo de capital productivo se distribuya entre grupos cada vez más numerosos.  Tampoco abren los autores su modelo para analizar la implicación de la mala distribución en los flujos externos, es decir, importaciones y exportaciones.  Sin embargo, es evidente que las naciones que acumulan ingreso y lo concentran en grupos que ahorran mucho deben eventualmente buscar los mercados del exterior para colocar sus excedentes de producción.  También es imposible que no todas las naciones al mismo tiempo acumulen ahorros excesivos para tener un superávit de comercio exterior con el resto del mundo.

No hay duda que la teoría de “economía binaria” (término que acuñaron los autores para destacar el papel del trabajo y del capital en la creación de valor) nos abre los ojos sobre la imperiosa necesidad de extender la propiedad del capital por razones más que humanitaria.  Esta es la única manera en la que el trabajador podrá disfrutar del descanso, una vez que posea parte del acervo de capital, el cual le permite participar en la producción con algo más que sus manos.  Su participación también lo va a llevar a identificar sus intereses como individuo con los intereses de la empresa en la que trabaja.

En gran medida la Participación del Empleado en el Capital (PPEC) traducción de su nombre inglés (ESOP) ha sido bien acogido en Estados Unidos en donde miles de empresas lo utilizan.  El PPEC se funda en un fideicomiso en torno de una empresa.  Este fideicomiso emite un pagaré, el cual es adquirido por un banco o compañía aseguradora, a cambio de un crédito.  La empresa sobre la cual gira el fideicomiso garantiza el pagaré y así estimula la compra de acciones por los trabajadores.

Con el crédito recibido, el fideicomiso PPEC compra acciones comunes de la empresa.  Los dividendos recibidos sirven para pagar el crédito y al liquidarse totalmente los trabajadores reciben dividendos que les permiten acrecentar su ingreso disponible, pudiendo decidir si lo consumen o lo ahorran.

No es de sorprender, con la aceptación creciente de este instrumento en Estados Unidos, la también creciente base de hogares con propiedad accionaría.  Esta es la forma de democracia económica propuesta por Louis y Patricia Kelso en su libro.

Louis visitó México en 1989 para participar en un seminario que tuve el gusto de organizar para la Universidad de las Américas sobre privatización de empresas estatales.  Desde entonces expresó sus fuertes reservas sobre esquemas simples de transferencia accionaría del Estado a grupos de capitalistas sin incluir programas como el PPEC.  Hoy, habiendo transcurrido más de una década, sólo se puede decir que el tiempo le dio la razón.

No sólo la administración de Carlos Salinas no cuidó las consecuencias distributivas de su privatización, sino que por la ausencia de una preocupación democrática, aumentó la concentración del capital en un pequeño grupo.  En muchos casos este grupo no representaba a genuinos empresarios.  Por ello, menos de seis años mas tarde, el Estado mexicano con dinero de contribuyentes tuvo que rescatar a bancos, constructoras de carreteras, empresas turísticas, empresas de aviación y otros productores.  Sólo excepcionalmente las privatizaciones fueron exitosas.  El fracaso del esquema desacreditó sumariamente al esquema de privatización, a tal grado que en México el gobierno no ha podido desde entonces convencer al Congreso de apoyar reformas constitucionales para abrir varios sectores de actividad a la inversión privada.  En 1997 el hoy Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, denominó las privatizaciones de los noventa como un modelo de “privatización de las ganancias y socialización de las pérdidas”.

Lo mismo ocurrió, aunque en menor medida, en el resto de América Latina.  No es de sorprender que la mayoría de la opinión pública rechaza la privatización como mecanismo para modernizar sus economías, como lo confirma una encuesta de Latín barómetro, en donde quienes se oponen aumentaron de 43% a 57% entre 1998 y 2000.  Hoy, después de la crisis Argentina y con un pobre desempeño económico en la mayor parte de la región, en donde no se logra menguar al alto desempleo, el porcentaje es seguramente mucho más alto.  Lo anterior, aun cuando la opinión pública sabe que las empresas estatales no son ejemplo de eficiencia y buena rendición de cuentas.

Por eso la obra de Louis y Patricia Kelso tiene hoy un lugar natural en Latinoamérica.  Viendo las grandes dificultades que tiene México, por ejemplo, para abrir la generación de electricidad y la exploración de gas a la inversión privada, es claro que sólo hay una forma para emprender nuevas reformas que impliquen liquidar propiedad del Estado.  Esta forma es la democratización del capital y el instrumento mayormente probado es el PPEC.

Los estudiosos y los responsables de las políticas en Latinoamérica tienen aquí una buena herramienta de trabajo que sin duda mejoraría la distribución del ingreso y daría una base de apoyo más sólido al crecimiento económico de largo plazo.  No sólo el PEC es relevante para las empresas públicas, también lo es para las del sector privado, como lo van a descubrir los lectores de esta valiosa obra, que enhorabuena se publica en español.

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El Dr. Rogelio Ramirez de la O es un economista independiente viviendo en la Ciudad de México y es uno de los mejores conocidos analistas del desarrollo de México.  Sus predicciones de las fluctuaciones económicas y de los cambios estructurales han establecido uno de los mejores récord de exactitud.  Él es Presidente de Ecanal S.A., que publica sus reportes económicos y provee analices para el sector privado, incluyendo algunas de las mayores corporaciones multinacionales.  Él consulta regularmente con inversionistas, idustrialistas, intelectuales y organizaciones multilaterales sobre cuestiones relacionadas a la economía de México.  Él es un orador frecuente en conferencias internacionales, pertenece a varias juntas corporativas y ha sido designado como él “mejor contacto” por “Institutional Investor”.

El Dr. Ramirez de la O mantiene un Doctorado en economía de la Universidad de Cambridge, así como una Licenciatura en Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México.  Él puede ser contactado en ecanal1@attglobal.net.